EL PICACHO

DONDE SE GESTAN LOS ATARDECERES

Por: Carolina Gallón Londoño
Gestora de Fomento de Lectura

16 de julio de 2015

¡En serio el Picacho es de San Cristóbal! Se preguntan casi todos cuando se menciona que la toma veredal será en éste lugar. Y sí, es de San Cristóbal, su comunidad se siente feliz de serlo, de habitar este paraíso como lo describe Elías Cuervo, uno de los líderes que participa del encuentro de éste jueves.

Está ubicada en la vertiente Noroccidental de Medellín. Se caracteriza por ser una de las veredas que más flores produce en el corregimiento y a su vez, por el gran mirador con vista a la ciudad del que aún hoy se conservan zonas de gran riqueza paisajística. Su relieve se configuró antes de lo que hoy se conoce como Medellín.

“Para muchos es la cima de una montaña, pero para la gente de Medellín es el lugar donde se gestan los atardeceres de la eterna primavera. Es el lugar donde el sol se despide para descansar, adornando de belleza la ciudad, así como es a los ojos de los medellinenses es el corazón de la gente que allí habita, gente por la que vale la pena trabajar, gente humilde que desde la periferia construye con sus principios la gran ciudad”.

En su cima el Cristo Salvador permite orientarse según los puntos cardinales, ya que mira hacia el oriente, la mano izquierda señala el norte y la derecha el sur de la ciudad, la espalda al sistema montañoso de la cuchilla de Las Baldías, al occidente. Es denominado un cerro tutelar y se accede a él por tres senderos, uno de los cuales está siendo recuperado en éste momento por la comunidad.

En su cima el Cristo Salvador permite orientarse según los puntos cardinales"

KAMISHIBAI

Cuando los funcionarios del Parque llegan, justo a la cima de esa montaña, encuentran la Escuela Santa Ana. Pero, el paisaje es un tanto desolador, reciben la noticia que no hay niños, que los mandaron para las casas porque cuando los contactaron, entendieron que debían estar las “profes”, el director de la escuela y los líderes de la Junta de Acción Comunal. “¿Y ahora qué hacemos?”, es la pregunta que se apodera de todos.

La gestora de Fomento de Lectura del Parque Biblioteca y su par del Doce de Octubre adaptan la estrategia que traían para desarrollar con los grupos y la convierten en una estrategia que les permite conocerse, conocer el territorio y las propuestas de las que se podrán beneficiar luego.

“El Kamishibai” es la disculpa para contar con texto e ilustración. Quienes habitan en el sector escriben y dibujan cómo creen que los ven desde la cabecera urbana y desde Medellín y los visitantes escriben y dibujan sobre qué acciones pueden desarrollar en pro de la comunidad en próximos encuentros.

Olvidaron que pintar con pinceles gruesos y vinilos no es fácil, que desde hace mucho tiempo no lo hacen y que siempre lo relacionan con la escuela. La idea de compartir visiones es más importante y la magia de la pintura vuelve a surtir efecto. Un despliegue de formas y colores se acompaña de poesía, realidades del contexto y propuestas de articulaciones que los ponen a soñar.

CARAS LARGAS, TRABAJO CUMPLIDO

Mientras se inicia el proceso con las gestoras de fomento de lectura y escritura, los técnicos salen a recorrer la zona para invitar a los habitantes. No quieren quedarse con todos los regalos sin compartir “… Y sí llamamos a los niños a la casa para que se devuelvan”, “…y sí vamos en la camioneta de la Alcaldía por ellos hasta sus viviendas, “…y sí tocamos en la puerta de los vecinos?”. Todas las opciones se plantean cuando los asistentes no llegan.

Retornan con caras un poco largas porque solo encontraron 6 habitantes que no pueden asistir porque justo van a atender compromisos, una fundación que no tiene niños, una portada azul de una finca privada y polvo de la carretera. A su regreso se unen a la actividad. Pintan, escriben y cantan con los demás.

Para que no se olvide el paso por esta vereda, Héctor se encarga de capturar cada instante en su cámara fotográfica y de hacer la grabación a don Fabio de Jesús Callejas Henao, quien habita la vereda desde hace 15 años en su casa propia, que tiene una granja agropecuaria típica de un campesino independiente, como lo menciona en la entrevista, que muy emocionado concede mientras su perra lo acompaña y lo mira como si le entendiera.

Para el final, la música llena de alegría el alma de todos. Andrés Molina un Abuelo Cuenta Cuentos los acompaña con el piano y Carolina les enseña una rutina de canciones infantiles que unidas con baile y movimientos son el cierre perfecto para una fiesta con menos invitados de los esperados, pero que desean desarrollar de nuevo con muchos habitantes de la zona y los niños de la escuela.